Vocaciones

Eduardo Mateo fue uno de los músicos más influyentes de la música uruguaya

Eduardo Mateo fue uno de los músicos más influyentes de la música uruguaya. Nació el 19 de setiembre de 1940 en Montevideo. Su padre era feriante y carnavalero y su madre que vivía en la casa del compositor Eduardo Fabini, a quien escuchaba frecuentemente tocar el violín y el piano, fue quien selló su destino como músico aún antes de nacer: «Cuando yo tenga un hijo le voy a poner Eduardo, para que sea músico como don Eduardo».

Su padre era feriante y carnavalero y su madre que trabajaba como limpiadora en la casa del insigne compositor Eduardo Fabini, a quien escuchaba frecuentemente tocar el violín y el piano

Mateo desarrolló un estilo muy personal e inimitable de cantar y de tocar la guitarra y exploró mundos nuevos con sus músicas y sus letras. A principios de los años 60 ya era un respetado guitarrista profesional, progresivamente fue asimilando influencias de los Beatles, que lo llevaron a la guitarra eléctrica y desarrollar una carrera roquera. Junto a Ruben Rada fundó El Kinto en 1967, grupo que sentó las bases del candombe-beat, fusión de candombe con rock que hasta hoy mantiene su plena vigencia.

Murió prematuramente a la edad de cincuenta años, afectado de diversas dolencias, en una cama del Hospital de Clínicas, Montevideo, el 16 de mayo de 1990.

A los 14 años su abuela le regaló la primera guitarra.

Discografía

  • Mateo solo bien se lame (1972)
  • Mateo y Trasante (1976)
  • Cuerpo y Alma (1984)
  • La Máquina del Tiempo (1987)
  • Mateo y Cabrera (1987)
  • La Máquina del Tiempo
  • La mosca (1989)

Su verdadero nombre: Ángel Eduardo Mateo López nació en Montevideo el 19 de Setiembre de 1940. Músico y compositor, fue uno de los grandes representantes de la música popular uruguaya. Compuso innumerables canciones, candombes, baladas y bossa novas como solista o junto a otros importantes artistas (Ruben Rada, Horacio Buscaglia, Estela Magnone, entre otros). En sus discos: La mosca en la máquina del tiempo (1993), Mateo por seis (1994) y La carpeta azul (1995), se incluyen conocidas composiciones como: Carolina, Cosmos, Ficción solar uno, Flor de murga, Juntos podemos llegar, La libélula, Cancioncilla amorosa, Adivinanza, Cuando te asomas, Cuento de amor del pajarillo y la pajarchacarera, De mañana temprano, En un martes de Turismo, El gaucho quieto sentado, Linda vida, etc. Falleció en Montevideo, el 17 de Mayo de 1990.

La fundación que lleva su nombre es una de las principales responsables de que su música haya llegado a más personas. Esta fue creada en 2006 por Jorge Schellemberg, músico y actual director de la Sala Zitarrosa

La Obra de Mateo

Eduardo Mateo fue uno de los músicos más influyentes de la música uruguaya. Desarrolló un estilo muy personal e inimitable de cantar y de tocar la guitarra y exploró mundos nuevos con sus músicas y sus letras. Nació en 1940 en Montevideo. Ya en su infancia tomó contacto con el candombe, la murga y la música popular carioca. Aprendió, con familiares y amigos, a tocar diversos instrumentos de percusión, cavaquinho y guitarra. A principios de los años 60 ya era un respetado guitarrista profesional y un intérprete de bossa nova con pocos iguales en el mundo. Pero progresivamente fue asimilando otras influencias, especialmente la de los Beatles, que lo llevaron a agarrar la guitarra eléctrica y desarrollar una carrera roquera. Junto a Ruben Rada fundó el grupo El Kinto en 1967. El Kinto fue uno de los primeros conjuntos pop uruguayos en adoptar el castellano y sentó las bases del candombe-beat (la fusión de candombe con rock que hasta hoy mantiene su plena vigencia). La propuesta de El Kinto se amplió en las Musicasiones, una serie de cuatro happenings multimedia coordinados por Mateo y Horacio Buscaglia en 1969. A partir de 1970 Mateo se lanzó en carrera solista.

La década del 70 estuvo marcada por una acentuación de su personalidad difícil, de envolvimiento con drogas, de sospechas de locura, de un estilo de vida que lo apartó de la posibilidad de una carrera regular y con frecuencia lo mantuvo al borde de la miseria material. Por otro lado, Mateo siempre fue intransigente y aventurero en lo estético, y en el momento en que el gran público empezaba a digerir su música, él ya se salía con un estilo distinto y aun más extraño que el anterior. El período dictatorial, además, llevó a que, por reacción, la dimensión política y el estilo dicho folclorista asumieran la preponderancia en la canción popular uruguaya, llevando al segundo de los movimientos llamados «Canto Popular». Mateo nunca fue plenamente integrado por esa corriente, manteniéndose apartado, por lo tanto, del círculo más «prestigioso» de la cultura uruguaya de entonces. Sin embargo, nunca dejó ejercer una influencia ‘subterránea’ entre músicos. Terminado el periodo dictatorial, su «ideología musical» ocupaba un buen puesto en la escena montevideano y muchas de sus idiosincrasias ya eran aprovechadas, aquí y allá, como elementos integrados al patrimonio musical uruguayo común, como si fueran «géneros» tradicionales. Fue revalorizado y, ya años antes de su fallecimiento en 1990, era unánimemente reconocido como una figura fundamental de la música nacional.

Hay un mito sobre que Mateo murió en soledad pero su hermana lo desmiente: “No murió solo, estábamos todos con él, cuidándolo de noche, cuando estuvo internado en el Clínicas”, el mismo Hospital de Clínicas al que Alberto Wolf lo llevó “a prepo”.

La obra de Mateo es demasiado variada para ser sintetizada. Mateo incursionó en extremos de sencillez y complejidad, tuvo etapas estrictamente acústicas y otras en las que exploró un sonido «tecno». Nunca tuvo pruritos en fusionar los géneros más diversos, mezclando jazz y rock con candombe y milonga v con influencias árabes, hindúes, africanas, brasileñas, españolas, caribeñas y de la música erudita (es de notar que realizó ese tipo de fusiones ya a finales de los 60, unos veinte años antes de que se pusiera de moda la World Music). La mayoría de sus creaciones se ubican en el terreno de la canción popular, entre el entretenimiento y la autoexpresión, pero muchas obras suyas de sus últimas etapas (su período «Máquina del Tiempo») reflejan una búsqueda de trascendencia de la dimensión meramente comunicativo, internándose en terrenos de filosofía cósmica que lindan con lo religioso y lo místico.

Fuente: Fundación Eduardo Mateo y forexport.galeon

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